¡Lámparas nuevas!

¿Lámparas nuevas?… ¿pero este blog no iba sobre Sevilla como su propio nombre indica?… a ver, aclaremos, este blog va sobre mi vida en Sevilla, lo cual incluye el hecho de que tras casi dos meses sin lamparitas en las mesillas ¡por fín me las he comprado!… sé que no es un tema trascendental en absoluto, pero… es lo que hay, hoy tengo un día intrascendente así que toca hablar de temas baladíes… (uy!, qué fino me ha quedado, ala a buscarlo en el diccionario)

Volviendo al meollo de la cuestión, los que me conocéis sabéis de mi falta de decisión y seguramente hayáis tenido que sufrirla en alguna ocasión (qué peli vamos a ver, qué pedimos de cenar, a dónde vamos de vacaciones,…), pues lo de las lámparas fue más o menos lo mismo con la diferencia de que afortunadamente no hubo sufridores… mi novio, que ya conoce el percal, decidió retirarse a tiempo de la batalla y no aventurarse con opiniones sobre colores/formas/tamaños…, una vez descubierto el ingente mundo de posibilidades “lampariles” que se abría ante sus ojos y que desconocía por completo.

El caso es que ya cansada de no ver nada que me convenciera y sabiendo que para que a mí me convenza algo tiene que rayar la perfección y que en este mundo nada es perfecto e intentando curarme de esta espiral de perfeccionismo enfermizo, salí de casa un día con la firme intención de no volver sin las dichosas lamparitas, y lo conseguí… si al final el tema no es tan frugal, si profundizáis, no va tanto sobre las lamparitas si no sobre como llegar a mejorar mi capacidad de decisión y…. vale, mentira cochina, es para enseñaros las lamparitas🙂

Me encontré con una tienda pequeñita pero muy chula en la calle López de Gomara, 18 -Petritxol-(esta información es irrelevante para los de fuera pero lo mismo a alguien de Sevilla le interesa).

Es uno de esos sitios en los que cada vez que miras para una esquina encuentras algo que no habías visto al principio, y es que, la falta de metros hay que suplirla con imaginación… Hay tal cantidad de cosas que no es de extrañar que hasta un rato después de haber entrado no me diera cuenta de que entre lámpara y lámpara se acurrucaba en su cesta el perro de la dueña. Un santo, todo hay que decirlo, porque con tanto como allí había para romper, el susodicho canino reprimía sus instintos y subía y bajaba sorteando los obstáculos sin tan siquiera rozar el material.

Allí me pasé una horita mirándolo todo e intentando decidirme. He de decir que otra cosa buena del sitio es que la dueña te deja que mires libremente y te da su opinión cuando se la pides no cuando a ella le da la gana, (como suele ocurrir en muchas tiendas pequeñas)….Resumiendo, que al final me las compré, me salieron más baratas que las que me gustaban de Ikea y, para mi gusto, más bonitas… de vez en cuando hay que dejar descansar a los suecos 🙂

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